Una luz finísima, tamizada por el filtro de los siglos, va dorando la piedra inerte que conforma el paisaje cubista de los pueblos que salpican la Toscana. Apenas hay turistas en este remanso de silencios que adormecen el aire. La tarde se queda suspendida en el rosa de un cielo que cae suavemente sobre los ocres de las casas, sobre el color tostado de las tejas. En una plaza desierta, la memoria nos devuelve la escena de una película inolvidable. En Cinema Paradiso, un loco se encarama a su propio... Читать дальше...