La izquierda se enreda en sus trampas
A no ser que Sánchez se vea acorralado en septiembre o que perciba una preocupante desmovilización de la izquierda, el escenario más probable hoy sigue siendo la convocatoria de elecciones en noviembre. Porque incluso si Iglesias aceptara apoyar un Gobierno de Sánchez en minoría bajo una serie de condiciones ideológicas, no sería suficiente garantía de estabilidad para el PSOE. Solo tiene 123 escaños y su grado de dependencia del separatismo catalán sería máximo. Si quisiera, Sánchez podría pactar una investidura sin mucha dificultad, pero la gobernabilidad real le penalizaría hasta el punto de ser otra vez un rehén débil de los mismos partidos que tumbaron su proyecto de presupuestos generales.
Incluso en el extraño supuesto de que Podemos y el PSOE estuvieran negociando en vez de urdir faroles para intercambiar acusaciones de traición a la izquierda, la formación de un Gobierno de esas características sería demoledor. Con el PSOE secuestrado por comunistas y separatistas, con Cataluña en ebullición a la espera del Tribunal Supremo, y con el independentismo fracturado en mil pedazos en busca de nuevas elecciones, solo faltaba el diagnóstico de una recesión inminente en Europa. A España lo que menos le conviene ahora es un Gobierno social-comunista que sobreviva a base de destrozar el bolsillo de la clase media con una subida masiva de impuestos, un alarmante endeudamiento y más golpes al déficit público.