Todavía queda gente en España convencida de que detrás de cada movimiento del presidente Sánchez hay un plan perfectamente establecido. Los hay, incluso, que consideran que la crisis de Ceuta o la de la vivienda, la ley de nietos, la regularización de inmigrantes o incluso el alza de los precios obedecen a una estrategia perfectamente definida. Que todo responde a la planificación coordinada de un Gobierno incapaz de aprobar presupuestos o de sacar adelante algunas de sus leyes, pero capaz de controlar el resultado electoral. Sin embargo, la historia enseña que la estrategia es un privilegio de los vencedores. A los perdedores solo les quedan movimientos cada vez más tácticos, más inmediatos, más sorpresivos y, por tanto, menos determinantes. En...
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