Estamos a principios de agosto y el ceutí Nabil está mosqueado después de que, de repente, se haya encontrado con una inspección de trabajo en el Abaris, su cafetería en el centro. Hace ya unos días que su ciudad se convirtió en el nuevo lugar de residencia de decenas de miles de ilegales, que ahora campan libremente por sus calles y sus playas. En ese tiempo, este musulmán de origen marroquí ha acudido a manifestaciones megáfono en mano y ha sido uno de los ceutíes que más alto han protestado por la situación. Es de noche, y va caminando a buen paso por el centro hacia la sede de la Delegación de Gobierno en Ceuta. Cuando por fin está frente...
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