El falso dilema que nos propone elegir entre la protección de las fronteras y los derechos humanos es una de las trampas políticas más nauseabundas de la historia. Primero porque quienes desprecian la dignidad humana están fuera del marco moral. Segundo porque quienes desprecian la seguridad nacional también lo están. Los extremos rompen cualquier escala de valores y plantean debates irracionales basados en posturas pueriles. La solución siempre está en la relación equilibrada entre ambas necesidades. Hay una izquierda polarizada que piensa que toda la derecha es vil y que imparte lecciones de bonhomía a quienes plantean la defensa del territorio ante invasiones como la de Ceuta. Y también hay una derecha polarizada que piensa que toda la izquierda es...
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