Nunca antes la presidencia de Estados Unidos, el puesto más importante del mundo, ha estado en tan torpes manos. Donald Trump hace coincidir en su persona la audacia con la estupidez, un ego desbordado con la estulticia más supina, alardes de brutal matonismo con los titubeos de la cobardía clásica. En fin, todos los vicios que puede padecer un político sin ninguna de sus virtudes, lo cual hace recordar el dicho de Goethe de que «no hay nada más terrible que una ignorancia activa». Basta echar un vistazo al panorama mundial para que resalte el repertorio de sus torpezas. La guerra no declarada con Irán –que se inició en febrero pasado con tan buenos auspicios de ponerle fin a una...
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