El Padre Valentín Aparicio es un cura de Toledo que está viviendo su sueño. Tiene 36 años y desde hace 16 consiguió lo que de niño más ansiaba. Hablamos de un hecho sencillo pero con un poder incalculable: es un cura fiel y feliz . El sacerdote se ordenó en 2009 en la archidiócesis manchega y, desde entonces, ha cumplido su ministerio con la alegría del que se sabe en el lugar indicado. Ha sido destinado en Roma, Jerusalén y su querida Toledo, donde ahora imparte clases en el seminario local. Tiene un perfil popular en las redes sociales ( @curadetoledo ) y reza a diario en Instagram o podcasts reconocidos. Siempre tuvo claro que Dios le llamaba a entregar su vida sirviendo a los demás. En la adolescencia más temprana ya vió esa vocación como propia. «Entré en el seminario con 13 años , el seminario menor de Toledo, para hacer segundo de la ESO. Pero además queriendo ser cura de siempre, toda la vida desde chiquitito he tenido vocación», asegura en una entrevista reciente para el podcast ' Se buscan rebeldes '. El seminario menor es la etapa del seminario que está destinada a los niños y adolescentes que ven su vocación antes de los 18 años . Allí estos adelantados reciben un acompañamiento espiritual adecuado a su edad y situación al mismo tiempo que estudian la educación secundaria obligatoria ( ESO ) y el bachillerato . El Paldre Valentín quiso ser cura desde pequeño y quiso poner su corazón a disposición divina lo antes posible. En el seminario menor de Toledo estuvo más cerca del Señor en los primeros años de su llamada y se educó en un ambiente de comunidad antes de pasar al seminario mayor. «Cuando tienes 18 años pasas al seminario mayor, que son los estudios de filosofía y teología que hacemos los sacerdotes», apunta. Empiezan la carrera como los demás y continúan el discernimiento de su propósito en la vida terrena. Aquel seminarista precoz tuvo una gran amiga durante su camino: la familia. «Mi familia es católica y de hecho yo iba todos los días a misa porque me llevaba o mi abuela o mi madre. Mi casa está en la misma calle que la iglesia», cuenta. La situación familiar facilitó que cuando Dios le llamó él respondiera al instante. «Incluso siendo niño, cuando hice la comunión, pues me apunté a monaguillo y todos los días antes de ir a clase iba a la misa que había prontito por la mañana en mi pueblo». El Padre Valentín nació en Madrid en 1985 pero se crió en una localidad llamada La Villa de Don Fadrique. «He crecido pues cerquita del altar del Señor, queriendo ser sacerdote y de manera pues muy natural». Cuando otros niños soñaban con ser futbolistas o astronautas, él tenía la ilusión de ser sacerdote: «Yo quiero ser cura. Y así que me fui». La valentía y generosidad del Padre Valentín facilitaron ese primer 'sí', pero los años siguientes tuvo que aplicar la esperanza y la paciencia para superar las crisis del camino. El propio cura explica que ya en el seminario mayor, a pocos años de ser ordenado sacerdote, estuvo a punto de dejar los estudios porque no tenía claro que aquel fuera su camino. «Yo en un momento lo pasé muy mal en el seminario mayor dudando de mi vocación, pero dudando tanto que tenía una decisión tomada de pausar mis estudios. Vete tú a saber si sigo para adelante». Recuerda coger el coche en su pueblo y recorrer una hora de trayecto hasta Toledo para comunicar al rector del semianrio su decisión. Recuerda pensar «'Le voy a decir que probablemente no empiezo el curso'. Y entonces llegar y decirle a Dios, ' Dios mío, tienes 10 minutos , que me ha dicho el portero del seminario que espere en la capilla porque va a venir el rector, para que me hables, porque creo que ya tengo tomado una decisión y es pausar los estudios en el seminario'». Esa provocación inocente fue escuchada, tal y como él relata: «Abrí la Biblia y en ese momento me encontré un texto de Segunda Carta a los Corintios donde San Pablo dice, 'Soñé con desposarte con Dios como una casta virgen, pero temo que igual que el demonio sedujo el corazón de Eva, también esté intentando seducirte a ti' ( 2 Corintios 11:2-3 ). O sea, tremendo». Después de leer ese mensaje del Evangelio, «le estaba diciendo al rector que no me pasa nada, que estaba perfectamente y que continuaba en el seminario».