El sistema de pensiones es uno de los pilares más consolidados del Estado. De su buen funcionamiento depende, en gran medida, lo que se conoce tradicionalmente como el estado del bienestar. Es decir, la tranquilidad de millones y millones de españoles. Sin embargo, basta darse un paseo por Europa para comprobar como nuestro programa tiene algunas deficiencias notables. Especialmente, en lo que respecta a las jubilaciones anticipadas y las largas carreras de cotización. Sobre esta cuestión ha hablado alto y claro Alfonso Muñoz Cuenca, experto en la materia y funcionario de la Seguridad Social. Este especialista ha explicado que, en España, «las jubilaciones anticipadas pueden ser voluntarias o involuntarias», pero en ambos casos se aplican coeficientes reductores sobre la pensión inicial. Estos correctores dependen en gran medida de dos cuestiones. «De los meses que anticipemos la edad ordinaria de jubilación», tal y como explica el especialista, y «de los años de cotización que tengamos». Sin embargo, una de las cuestiones más sangrante es que en España «las penalizaciones son vitalicias». Esto quiere decir que «no desaparecen cuando el pensionista alcanza su edad ordinaria de jubilación». Pero Alfonso Muñoz va un paso más allá e incide en que «incluso en las carreras de muy larga cotización, el sistema mantiene esas penalizaciones» aunque, eso sí, reducidas. Sin embargo, esto supone un agravio comparativo con los principales países de Europa y abre una línea de discusión. Para Alfonso, se trata de «un debate muy relevante». Por un lado, «el sistema reconoce parcialmente las largas carreras de cotización en el porcentaje de pensión, pero no elimina el efecto de anticipo en los términos vitalicios» . Tal y como él mismo reconoce, «aquí aparece una de las críticas más habituales que venimos planteando y es la falta de proporcionalidad entre el esfuerzo contributivo y la penalización final». Para este funcionario público, esta es uno de los mayores fallos de nuestro sistema. «Por ejemplo, en nuestro país, un trabajador que accede a la jubilación anticipada con 43 años de cotización se le aplican unos coeficientes reductores en función de los meses de anticipo que pueden ir entre el 17% y el 21%. Y esa penalización la mantiene de por vida». Para Muñoz Cuenca, esto supone un atropello a aquellos que más han cotizado y, por ende, que más han ayudado a sostener un costoso sistema. Para comprobar cómo de grave es la situación, este experto ha comparado el sistema nacional con el de otros países. Por ejemplo, «el alemán distingue entre las jubilaciones anticipadas generales y las jubilaciones anticipadas para carreras de larga cotización. Y lo relevante del sistema francés es que la edad de jubilación deja de ser un elemento rígido y pasa a depender de la carrera de cotización. El enfoque es claramente más flexible y progresivo que el sistema español». Alfonso Muñoz también ha ampliado la comparación con Italia, donde «el sistema no se basa en penalizaciones, si no que es un modelo híbrido, es decir, que se flexibiliza el acceso y se ajusta el cálculo de la pensión mediante factores actuales». En el caso de nuestros vecinos portugueses, se trata de «un sistema, no de cesión general, pero sí de modulación de la penalización en función de las carreras laborales. Hay una lógica de compensación del esfuerzo contributivo más clara que en el sistema español». Tal y como ha podido comprobar, todos los países de nuestro alrededor cuenta con ventajas comparativas. «En Europa no es que no se apliquen penalizaciones, es que se aplican de una manera más precisa. En la mayoría de países europeos, la carrera de cotización influye de forma directa en el acceso a la edad de jubilación y en muchos casos modula la intensidad de las penalizaciones». «Permiten accesos anticipados con menos impacto económico. En España, en cambio, el sistema se basa en coeficientes reductores homogéneos con carácter permanente y con un reconocimiento muy limitado a las largas carreras de cotización». Ante esta situación, Alfonso Muñoz considera que «hay una necesidad de reforzar la proporcionalidad contributiva del sistema incorporando de forma más efectiva el esfuerzo contributivo en el momento de la jubilación. Porque la cuestión de fondo no es solo cuándo se jubila una persona, si no qué reconocimiento real tiene una carrera de cotización de 40, 43 o 45 años dentro del sistema de pensiones español. Y esa es una de las grandes reformas del sistema de pensiones que venimos reclamando».