David Hume, parte del examen de Filosofía de la PAU 2026: "Nada es más libre que la imaginación humana"
Esta semana tuvieron lugar los exámenes de Filosofía de la PAU 2026 en Madrid y, entre otros autores y temas a tratar, los alumnos de Bachillerato madrileños fueron preguntados por las ideas de pensamiento de David Hume. Este pensador nacido en Edinburgh a principios del siglo XVIII es considerado uno de los filósofos más influyentes de la Ilustración y una figura fundamental de la filosofía moderna.
Una de sus frases más conocidas que ha trascendido en el tiempo porque resume a la perfección algunas de sus ideas más importantes es aquella que dice "Nada es más libre que la imaginación humana". Hume defendía una concepción revolucionaria para su época, que todo conocimiento procede en última instancia de la experiencia. Según él, los seres humanos no nacen con ideas innatas, sino que construyen sus pensamientos a partir de lo que perciben mediante los sentidos.
Su postura, conocida como 'empirismo', le llevó a cuestionar muchas creencias que otros filósofos daban por sentadas. Sus reflexiones sobre el análisis de la causalidad de los sucesos fueron tremendamente influyentes en filósofos posteriores como Immanuel Kant, quien llegó a afirmar que Hume le despertó de su "sueño dogmático".
Esta conocida cita de David Hume, sin embargo, no siempre es interpretada correctamente. Se encuentra en una de sus obras más destacadas, 'Investigación sobre el entendimiento humano' (Sección V, Parte II), un ensayo donde reflexiona sobre la diferencia entre la imaginación y la creencia. Como suele mencionarse de forma aislada, puede dar una impresión algo engañosa si se saca de contexto.
¿Qué quería decir David Hume con "Nada es más libre que la imaginación humana"?
En contra de lo que pudiera parecer al tomar la frase de forma literal y superficial, Hume no estaba defendiendo que la imaginación fuera ilimitada en un sentido absoluto, ni que el ser humano pudiera creer cualquier cosa que quisiera. En realidad lo que el filósofo estaba planteando era una cuestión mucho más profunda, qué diferencia existía entre imaginar algo y creer que es real.
Para Hume, la imaginación era la facultad más libre de la mente, ya que gracias a ella se pueden combinar las ideas de maneras prácticamente infinitas. La mente es capaz de unir elementos que ha conocido por separado y crear algo completamente nuevo, para lo que la imaginación toma materiales procedentes de la experiencia y los reorganiza sin apenas restricciones.
El quid de la cuestión radica en que, aunque la imaginación sea libre para crear imágenes y escenarios, no es libre para convertir esas ficciones en creencias auténticas. El filósofo señalaba que cualquier persona puede imaginarse un centauro, pero nadie puede obligarse a creer sinceramente que los centauros han existido realmente. La mente distingue entre una fantasía y una convicción, y esa diferencia no depende de la voluntad.
Lo que Hume intenta demostrar es que nuestras creencias no nacen simplemente porque decidamos creer algo. Nuestras creencias surgen de la experiencia, la costumbre y la evidencia que percibimos en el mundo. Por eso, una persona puede imaginar que mañana encontrará un tesoro enterrado en su jardín, pero seguirá sin creerlo de verdad a menos que tenga algún motivo para pensar que es posible.
Por su pensamiento ilustrado, Hume admiraba la capacidad humana para ir más allá de lo que tiene delante de los ojos. Sin esa facultad de la imaginación, el conocimiento humano quedaría encerrado en lo inmediatamente visible. Sin embargo, advertía del peligro de dejar que la imaginación suplante a la razón. Una imaginación sin control puede generar supersticiones, prejuicios o creencias infundadas.