Llegó la hora
José Luis Rodríguez Zapatero ha sido citado como investigado y la noticia ha tenido el impacto esperable en un personaje de esa dimensión. Uno de los efectos que tienen informaciones de semejante tamaño es la de dar por probado lo que debe probarse y cambiar la presunción de inocencia por la de culpabilidad.
De la misma manera que convertir una imputación en una condena mediática vacía de contenido el Estado de Derecho, convertir la presunción de inocencia en un comodín para evitar explicaciones y responsabilidades deteriora la salud democrática del país.
La consecuencia política alcanza su auténtica dimensión cuando se suma a una amalgama de escándalos. No es por la imputación de un expresidente por lo que debe ponerse fin a la legislatura, es por la acumulación con los casos Koldo, Ábalos y Cerdán, por la investigación a Begoña Gómez, el juicio a David Sánchez y la condena del ex fiscal general del Estado. Cada caso por separado admite matices, garantías y defensas, pero todos juntos han subsumido a las instituciones en una crisis sin precedentes. Sánchez vive en una excepción moral permanente en la que su único objetivo es la permanencia en el poder.
La otra corrupción que debe ser juzgada, esta vez por los ciudadanos y no por los tribunales, es la política. Amnistías a condenados por los tribunales, cambios en el Código Penal dictados por independentistas que desean la destrucción del Estado a cambio de votos y cesiones que rompen con el principio de igualdad entre españoles son algunos ejemplos.
La legitimación parlamentaria de Sánchez está quebrada, lo demuestra su incapacidad para sacar adelante la mayoría de las iniciativas, incluidos los presupuestos generales del Estado.
La legitimación social está por los suelos. Los resultados electorales de Extremadura, Aragón, Castilla y León y Andalucía son una muestra del rechazo de la sociedad española al presidente del Gobierno y sus políticas.
En cuanto a la legitimación ética y democrática, es inaceptable el ataque a los jueces que instruyen o juzgan causas incómodas, el reparto de carnés de culpabilidad e inocencia, según conveniencia, subsumir al país en la polarización y la división y mantenerse en el cargo a pesar de estar cuestionado judicialmente todo su entorno próximo.
Abrir paso a una nueva etapa que recupere la credibilidad perdida depende, en este momento, de los dirigentes socialistas. El PSOE se enfrenta a uno de los momentos más delicados y decisivos de su historia. Quedarse como una fuerza residual no es una entelequia, es una posibilidad cada vez más verosímil si Pedro Sánchez sigue liderándolo.