Juegan niños como si mañana, como si hoy, no fuera lunes y hubiera colegio. Se gasta lo que queda, se liquida lo disfrutado. Se mira a la ciudadela efímera esperando la cuenta atrás. La luz se contiene en una pataleta de nostalgia, una semana al año solo hace daño cuando se va, cuando deja restaurada las tripas en un vacío de felicidad. Todo lo bueno termina, todo lo bueno tiene su fin porque si no gastaría su pátina de excepcionalidad, que es la que hace grande a lo superior. Ha sucedido todo en un abrir y cerrar de ojos, pero es que Sevilla es eso que se cuela en mitad de un parpadeo, entre la claridad y lo oscuro, el...
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