Sin el tremendismo trágico de la recién estrenada 'Un poeta' , en esta comedia aparece un personaje dramáticamente parecido, un escritor fracasado y frustrado que no consigue colocar en ninguna editorial el novelón en el que lleva nueve años trabajando y que tiene una idea enfermiza de la literatura y de sí mismo, casi un Alonso Quijano con los libros de caballería. Pero es comedia y el guion y el modo de ponerlo en escena se aferran a ese género con diálogos y situaciones aparentemente ligeras y que no te golpean el estado de ánimo. Hilario, que así se llama el escritor y librero a regañadientes, es a la vez un buen tipo y un pelmazo, que agota la paciencia de sus cercanos, de su recién conocida 'novia' y musa y de todos aquellos a los que pide dinero y favores. Es bueno el retrato que hace de Hilario el actor Marcel Borrás, entre tonto y listo, simpático y desagradable, como lo es también el que hace Silma López de esa joven que trata de ver en él a alguien con el que llevar una relación 'normal'. Julián Villagrán, de natural gracioso, Lorenzo Ferro, Secun de la Rosa y Adelfa Calvo completan el mundo real de este escritor trastornado y que ya está listo para el fracaso. Mientras la película se divierte con las aflicciones de Hilario y su buena maña para meter la pata, se advierte el sarcasmo de sus autores con el embarrado universo literario y la política de las editoriales, siempre tan atentas a no encontrarse con un escritor nuevo, encharcado de lecturas y que ve la vida a pie de página. Hay guasa en sus infortunios con el amor, con el sexo, con sus bloqueos literarios, con sus patéticos esfuerzos por publicar, con lo que todo el drama que arrastra Hilario y su historia producen más animación que desconsuelo, y una película que traduce la amargura en disfrute con un humor inteligente, siempre será bienvenida.