He cambiado de moto: mucho mejor que cambiar de mujer. Princesa Ana era una inglesa que, sobre el papel, servía lo mismo para emborracharse en un pub de los Cotswolds con botas de agua llenas de barro que para ir a las carreras de Ascot; para aparcar en la puerta de los cenáculos de Madrid o para subir a la palomera de Valcarlos en otoño a las palomas con un queso en el morral, la escopeta paralela y cantando una ranchera dentro del casco. Era bonita, más que la princesa de Gales, más que la Victoria de Samotracia. En realidad, como las novias inglesas, daba frío en invierno y en verano un calor que no veas. Montaba broncas a las...
Ver Más