Madrid debe a don Eduardo Torroja Miret lo de hacerse moderna. Lo hizo desde la ingeniería y la mezcla, como un alquimista que utilizaba la piedra para darle forma. Como si soplara el hormigón para inventarse figuras y espacios nunca vistos hasta que llegó. Nació en Madrid en 1899, en el seno de una familia que tenía las matemáticas por costumbre y el cálculo como forma de expresarse. De ese modo, Eduardo siempre aspiró a controlar la materia de obra como si fuera un verso que se sostiene en el tiempo. Una manera de darle vueltas a las bóvedas, las cúpulas y las sombras, hasta que flotaran en el espacio como una costra delicada que separara el edificio de la...
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