Se llamaba Rosario, no Maricarmen , aunque tenía más o menos su edad, 86 años, cuando en 2004 fue obligada a abandonar la casa de la céntrica Plaza de la Encarnación de Sevilla donde vivía desde hacía casi tres décadas de alquiler. En su caso, por no haber abonado al propietario del edificio 39 euros por un error que ni siquiera fue suyo. «Yo no entiendo de euros y puse 39 de menos. Lo mismo los podía haber puesto de más. Ha pasado esto por ser analfabeta», decía casi entre lágrimas a este periódico Carmina , que conocía a la anciana desde que era niña y se había encargado de aquel pago incorrecto. Todo empezó por la ventana del cuarto...
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