Quizá a algunos les importe menos, pero incluso entre esos será difícil encontrar ahora a un aficionado de la Real Sociedad que no se enorgullezca de lo que unos jóvenes locos están logrando, o a punto de lograr, en la aún más loca Segunda División. El Sanse, en su perfecta y preciosa soledad como filial, está luciéndose en el fútbol profesional ante históricos de todo tipo o fuertes proyectos más modernos, y mandando un mensaje claro a todo el mundo: Zubieta es una referencia total de talento, pero también de desarrollo y competitividad en el mundo del fútbol de canteras. La victoria en Huesca deja vista para sentencia la permanencia en el fútbol de plata, salvo una hecatombe que quizá tenga más probabilidad de llegar incluso por un caos desastroso que acabase con el primer equipo descendiendo visto lo visto en la zona baja de Primera, que no debería y no apunta a suceder tampoco, que porque Mirandés, Huesca, Cádiz y Leganés adelanten a los de
Ansotegi. Un técnico reforzado, como otros este curso, en un club en el que el filial femenino está a punto de subir a Segunda por primera vez, con el primer equipo en Champions y el otro, campeón copero y de vuelta en Europa. Y en todo eso hay algo que está omnipresente como identidad y que debería seguir estándolo: Zubieta. El mensaje que están mandando los héroes de la cantera es que no les dejen en el olvido y en un simple éxito puntual de club. Porque, ¿de qué serviría tener al Sanse en la élite si a la mejor generación de siempre, por competitividad demostrada y talento, no se le hace hueco en la Real? Que sea un orgullo, pero que sea útil.
Bretos,
Aperribay y compañía tienen un largo verano para hacerlo realidad.
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