Iván Redondo no era un hombre, era un estilo. Una concepción de la política como montaje propagandístico que casi un año después de su despido sigue siendo el único eje conceptual del sanchismo. Cabe la duda de si ese método lo implantó él o lo traía ya de serie un Sánchez tan desprovisto de ideas como obcecado en el designio de alcanzar el poder a piñón fijo, pero de un modo u otro se ha convertido en el recurso exclusivo del que ante cualquier problema echan mano el presidente y todo su equipo. No hay contratiempo que no intenten resolver mediante la obsesiva invención de un ‘relato’, un esquema argumental capaz de justificar dislates, bandazos, mentiras y escándalos construyendo una...
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