«Mi primera cartilla»
Garzón no es un comunista recalcitrante. Más bien pertenece a esa neo-burguesía cool de una parte de la izquierda carente de complejos para vivir cómodamente en la incoherencia. No es ningún pequeño Stalin a las malagueñas maneras. Es un pragmático, un tipo hábil, y el único dirigente de IU que ha sobrevivido a la destrucción de esa coalición. Meritorio, ¿no? Sin embargo, lo que natura no da… no lo prestan el BOE, la corbata y el chófer. A un ministro debe exigírsele un mínimo conocimiento de la estructura del Estado, del origen de las instituciones y de su funcionamiento orgánico. Al menos, de las esenciales. La Fiscalía lo es, y por suerte para España de momento funciona de un modo muy distinto a la de Cuba, Rusia, China, Venezuela o Corea del Norte.
Señor ministro…, sí, la Fiscalía está legalmente integrada en el «poder judicial». Una cosa es desconocer algo, y otra engañar para que la realidad se asemeje a lo que uno pretende que sea. Y por eso los fiscales -de toda ideología- le ridiculizaron ayer invitándole a leer el Estatuto Fiscal antes de volver a improvisar con nuevas invenciones leguleyas. De la noche a la mañana, uno puede convertirse en ferviente agradador de Sánchez o en un hooligan de Dolores Delgado. Es legítimo. Sin embargo, queda raro que uno mismo se aplique un «pin parental» al sentido común, y por eso los fiscales le han leído su primera cartilla. Nada que ver con la de racionamiento, señor ministro, no vaya a tomárselo alguien al pie de la letra.