Se observa cada paso de Novak Djokovic con atención, cuidado, mimo, casi nostalgia. Que se sabe que le quedan pocos y por eso se celebra cada uno que da. Especialmente en este jardín que ha sido suyo en siete ocasiones, porque ha vuelto a ser un caminar magnífico: con su mejor tenis, con su mayor ilusión, con sus bailes, sus reveses quirúrgicos, sus saques ilegibles, su saber estar, su pasado, sus números, su presencia. Brillante, extraordinario, excepcional, el mejor Djokovic. Pero, por desgracia... Читать дальше...