Una tragedia siempre se presenta en diversos actos. En el primero impera el shock inicial, la estupefacción, el descreimiento. Esa sensación de que lo vivido no es más que un sueño (o una pesadilla), que no puede estar pasando. Tras la aceptación, se agarra al corazón un dolor puro, primario y original, sin más emociones que lo perturben. El agotamiento empieza a quebrar la resistencia y por esa rendija se filtran sentimientos como la tristeza, el amor o la indignación. 48 horas después, las familias... Читать дальше...