La inautenticidad en el presente de lo propio, de quienes nos constituimos como sociedad, cultura, nación, impactará en el futuro, indiscutiblemente. Porque resistirse a invertir en él, cuando lo inmediato se vuelve urgente, anular el provenir, todo aquello que será palpable y evidenciable dentro de, tal vez, 200 años. Si miramos el ombligo, atendiendo sólo lo presente, no podemos construir un legado para las generaciones venideras. El aislamiento del mañana es una condena al fracaso del futuro.
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