Qué difícil es describir un aroma con palabras. Sobre todo, cuando hablamos de las esencias que definen cada estación del año. El verano
huele a sal marina y a frutas tropicales, la primavera es sinónimo de
olores florales, mientras que el invierno nos permite apostar por aromas intensos como los licores o la vainilla. En cambio, cuando hacemos referencia al otoño,
las notas de madera, vetiver, sándalo o cuero son las que mejor acompañan a la estación de los bosques frondosos y los colores cálidos.
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