Uno de los efectos secundarios que más nos suelen "molestar" del
fast fashion es
lo fácil que es coincidir con alguien por la calle llevando la misma ropa. No hace falta que sea una prenda tan viral como la ya mítica
chaqueta amarilla de Zara, basta con un
vestido con un estampado diferente o un
bañador que siente bien.
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