La tecnología es necesaria, y más en nuestros días, pero a veces, su uso nos lleva a sumergirnos en un mundo virtual sin límites sospechados, con el peligro de llegar a entrar en los suburbios de la soledad, permanentemente acompañados y absolutamente aislados, cautivados por la embriaguez del presencialismo y la cultura del egocentrismo.