A las 4 horas, 6 minutos y 49 segundos del inicio de la comparecencia de Óscar Puente en el Congreso, el todavía ministro de Transportes cogió la carpeta roja a su izquierda, apartó su teléfono móvil, bebió agua (tres veces), la abrió y comenzó a presentar una dimisión. Una renuncia que Pedro Sánchez no conocía hasta minutos antes. Mi convicción de que esto es así no se fundamenta -obviamente- en la palabra del ministro más esperpéntico del Gobierno, propagador de odio y trol de periodistas. Mi convicción se fundamenta en los hechos. Puente filtró el mensaje enviado a Sánchez y la respuesta de este implorándole «no lo hagas, por favor». Me lo confirmaron, bajo la promesa de no revelarlo, horas...
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