Un preciso y precioso homenaje a una de las figuras más enigmáticas de la literatura española del pasado siglo, Carmen Laforet, elegante y huidiza, casi fantasmal, como Greta Garbo, que irrumpió veinteañera en el Olimpo de las Letras con su novela 'Nada', primer Premio Nadal, y que vivió el resto, hasta los ochenta y tres años, entre la ilusión y la elusión. Escribió poco, al menos según los cánones del oficio de novelista, apenas cinco novelas, una docena de libros de relatos, artículos y una variada escritura epistolar. Un documental que ha dirigido Isabel Fernández, que busca con buena y sutil mirada entrar en el mundo reservado de la escritora y utiliza para ello mucho de su texto escrito e íntimo y mucho material de archivo y todo tipo de imágenes alusivas y metafóricas. Está la presencia, también como esquiva, de la actriz Mónica López, que le presta el físico y se adueña de las palabras en 'off' de la propia Laforet, que cuenta vida, impresiones, pensamientos, sentimientos, propósitos y descontentos, y habla de su infancia canaria, de sus emociones de isleña, de su topetazo juvenil contra Barcelona, su ciudad, y de sus posteriores descubrimientos y decepciones. A los monólogos, de excelente gusto literario, los acompaña la directora con testimonios de imágenes concretas, pero también, y quizá demasiado, con una batería de imágenes metafóricas, simbólicas, representaciones se supone de los estados de ánimo de Laforet, mucho cielo, muchas nubes, pájaros, mares y montañas, también la vida en textura de archivo de las ciudades donde vivió o visitó. En todo caso, 'Por qué no escribo nada' es un marco perfecto para un buen dibujo de Carmen Laforet, que la encuentra, la imagina y la presenta como una mujer más acorde a nuestros días que a los suyos, provista de buenas artes y desprovista de las malas, escritora de todo y de nada, femenina y feminista, cargada de silencio pero también de amistades y risas. Sin duda, Isabel Fernández pasa de puntillas por algunos tramos de su vida y de su obra (su matrimonio, sus hijos, sus huidas, su religión, sus novelas no escritas…) que grisearon su blancura o elegancia, pero el marco y el dibujo que contiene hemos quedado en que es perfecto.