La búsqueda terminó con un hallazgo muy distinto: el de san Isidoro, cuyas reliquias se veneran todavía en León. Esta es la historia de cómo Sevilla perdió el cuerpo de su obispo más sabio. La taifa de Sevilla tenía rey, corte y ambiciones. Almutadid, que reinó entre 1042 y 1069, la había convertido en la más poderosa del sur de al-Andalus a costa de sus vecinas, los pequeños reinos surgidos del desplome del califato de Córdoba en 1031: Huelva, Niebla, Algeciras o Silves acabaron en sus manos. Pero ninguna de aquellas conquistas lo protegía del norte, donde Fernando I, conde de Castilla desde 1029 y rey de León desde 1037, había comprobado que a los reyes taifas les salía más...
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