No deja de resultar curioso que la mejora de las previsiones electorales del PP haya coincidido con sus cinco días de silencio. A veces lo mejor que se puede decir es nada: la realidad habla con más contundencia que cualquier relato y España no tiene ganas de gresca sino de que alguien serio y decente ponga fin a la oscuridad siniestra de estos años de sanchismo. España tiene miedo. Pero, sobre todo, pena. Esa pena impone luto y el luto nos lleva de modo natural a la contención, el respeto y a una exigencia de ejemplaridad, responsabilidad y seriedad a los servidores públicos. Eso es exactamente lo que España espera del PP. Y eso es lo único que el PP...
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