Otra vez el maldito mensaje que llegaba por whatsapp anunciando la tragedia: «Tenemos otro accidente grave de tren». Otro, no uno; otro más. Y ya van dos en un año catastrófico y las sensaciones volvieron a repetirse, especialmente en Huelva donde el corazón sigue sangrando por lo ocurrido el pasado 18 de enero en esa población cordobesa, ya hermana, de Adamuz. La incertidumbre congelaba las emociones ante la llegada de los primeros datos que confirmaban la existencia de muertos entre los pasajeros. Y el temor se fue apoderando de nuestro ánimo al escuchar los primeros vaticinios que nos advertían a los periodistas de que estábamos ante una tragedia aún mayor que aquella que secó las lágrimas a los que vivieron...
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