Reconozco que simpatizo, sin duda por mi biografía, con las figuras del mundo universitario que, tras dedicar años a la vida pública, renuncian a olvidarla, para -desde columnas de opinión- seguir aportando algo al procomún. Tal es el caso de Virgilio Zapatero, que la firma como rector emérito de universidad, prefiriendo dejar entre paréntesis sus años de ministro. No es el único caso. Manuel Cruz, con pública experiencia de presidente del Senado, se ofrece con frecuencia -para bien de sus lectores, entre los que me incluyo- a ser leído, antes que olvidado. Si a Virgilio le animó a escribir la calamidad generada por políticos en Ceuta, Cruz se muestra conmocionado también por las andanzas joyeras del otro Zapatero. Unas decenas...
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