Ni las balas, ni las bombas, ni la lucha entre ideologías. Dice el historiador Mario Escobar que nada detuvo la proyección de largometrajes en aquel duro Madrid de la Guerra Civil. «No hubo cierre general, permanecieron abiertos», explica el historiador a ABC. Aunque no niega que hubo que ajustar horarios y esconderse en los sótanos cuando los bombardeos desangraban la capital. El escenario, a caballo entre lo heroico y lo amargo, le ha servido para enmarcar su nueva novela histórica: 'El último cine de barrio' (Ediciones B). La obra narra todo aquel drama través de los ojos de Rodolfo, un niño fascinado por la sala que regentaba su abuelo antes del conflicto –Cine Maravillas– y que se verá marcado por...
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