Lo siento, Sánchez, pero no te lo puedo perdonar. No puedo perdonarte, ni yo ni la inmensa mayoría de españoles, que nos hayas puesto al borde del precipicio buscando el enfrentamiento entre nosotros. Te has cargado lo más noble y lo más civilizado que los españoles supimos escribir hace medio siglo: la voluntad de convivir pacíficamente respetando las distintas ideologías e identidades de cada uno. No puedo perdonar que hayas puesto tus intereses personales por encima del interés general del país. Has pisoteado la división de poderes, has promovido que se insulte y persiga a los jueces que cumplen con su obligación de investigar conductas irregulares, has invadido todo el sector público con validos y vasallos en detrimento de profesionales...
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