El 15-M fue desde el principio un movimiento populista de izquierdas aunque los estragos de la recesión motivasen la simpatía de personas descontentas –en su mayoría jóvenes– de ideologías diversas. Sucedía que entonces gobernaba el PSOE, el zapaterismo en su fase terminal, y los promotores de las acampadas disimularon su verdadera tendencia bajo el señuelo de una censura global al sistema. Poco más tarde el Partido Popular ganó las elecciones municipales, y a continuación las generales, y la consigna antibipartidista de «no nos representan» dejó claro que se trataba de un motín contra la democracia liberal que seguía los patrones trazados con éxito en Latinoamérica. De aquellas asambleas surgió Podemos con la cara de Pablo Iglesias –que aún no vivía...
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