En un polígono del norte de Pekín, en Changping, hay una nave que fabrica un teléfono por segundo sin una sola persona dentro y con la luz apagada. Robots, cámaras que inspeccionan piezas, carretillas autónomas y un programa que organiza la producción se ocupan de todo. En el sector lo llaman lights-out , apagar las luces (de ahí la expresión 'fábrica oscura'), porque las máquinas no las necesitan y hacen lo que hasta hace poco parecía imposible automatizar: montar un móvil de gama alta. La cuestión ya no es si la máquina puede hacerlo, sino qué papel tendrá cuando se generalice su entrada en las fábricas: ¿herramienta para reforzar a la plantilla o sustituto de parte de ella? Ese es...
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