Hay decisiones en la vida que únicamente las puede tomar uno mismo, como entrar en el seminario . No hay nadie más que le propio joven que pueda decidir ingresar en este centro para acercarse a Dios, estudiar teología y filosofía y ocho años más tarde y con la gracia de por medio, recibir la ordenación como sacerdote. Es un gesto personal y libre, aunque, eso sí, lo realiza con gente a su alrededor. El seminarista se apoya en el consejo de otros sacerdotes, de sus padres, hermanos y amigos, de su director espiritual y de quien le acompañe en su camino de fe. Algunos chicos, por sorprendente que parezca, hablan de sus inquietudes espirituales con su novia. Es el caso del Padre Juan Andrés , que estuvo saliendo con una chica durante años antes de decirle 'sí' a Dios. «Llevábamos casi 4 años de novios» , recuerda el sacerdote en el podcast 'Se buscan rebeldes'. Por aquel entonces, el joven tenía 19 años y una relación estable con Jimena, que así se llamaba su novia. Eran felices juntos pero un día, después de irse de misiones al interior de Uruguay —su país natal—, él comprendió que Dios le llamaba a dar su corazón a todo el mundo. Además, tenía otras facetas de su vida de las que se despidiría para seguir el camino del sacerdocio, como sus estudios de Veterinaria y una carrera incipiente como jugador de rugby . Llegó a jugar los mundiales de Irlanda 2007 y Japón 2009. Con las maletas hechas para irse al Mundial de Chile con sus amigos y la vida entera por delante, dejó todo atrás e ingresó en el seminario Hoy José Andrés tiene 37 años y es sacerdote diocesano en Montevideo. Volviendo a su novia de aquel momento. El sacerdote explica que parte de su inquietud por seguir a Dios apasionadamente surgió de sus conversaciones con Jimena. Cuenta que ella le preguntó con sencillez si estaba viendo su vocación en el celibato: «Me dijo, 'Y gordo, ¿tú nunca pensaste en ser sacerdote?'». Esta pregunta no le resultaba nueva al joven, porque «ya me lo había preguntado alguna otra persona», pero viniendo de su novia, una de las personas a las que más ha querido, le resultó «muy salado, muy fuerte». «Es lindo descubrir cómo Dios va poniendo personas en nuestro camino que a veces tenemos que estar abiertos a escuchar y que te dan un estremezón en su debido momento», reconoce el sacerdote. Su novia fue una de ellas. En el momento indicado le hizo la pregunta correcta y tantos años después él es feliz dando su vida a los más necesitados de la ciudad. Jimena no ha llegado a ver cumplida la vocación de Juan Andrés, porque falleció hace unos años. «Al tiempo, tristemente, ella falleció en un accidente muy triste, que obviamente generó una serie de dudas. Claro, porque quedó la pregunta, pero gracias a esa pregunta que ella me hizo fue que terminé entrando al seminario y diciéndole, 'bueno, por lo menos me voy a sacar la duda'». Desde el primer golpe, el recuerdo que Juan Andrés mantiene de esta novia es de agradecimiento: «Hasta el día de hoy estoy muy agradecido a Dios por quién fue esta chica en mi vida, lo que dejó. Claramente también las dudas, el misterio del dolor está , pero estoy convencido que no habría Padre Gordo Verde —que así se le conoce en Uruguay, @gordo.verde — si no hubiera sido por la novia que el Señor en su momento puso en mi camino». Le costó dejar a Jimena después de 3 años juntos, «sí, obviamente, a todos creo que nos cuesta», pero el resultado es una vida entregada por amor y con amor. De esta forma, Juan Andrés renunció a otras partes de su vida anterior para entrar al seminario: «No solo con ella, con el trabajo, con todo, pero es que es un desafío ordenar el amor humano al amor de Dios ». Esta historia es un ejemplo de confianza en Dios y de generosidad, una muestra del mensaje evangélico de 'el que no esté dispuesto a cargar su cruz no es digno de mí'. La cruz del joven era la ruptura y, luego, el duelo por la muerte de su novia, pero ambas dificultades le impulsaron para vivir más cerca del Señor.