Hansi Flick riñó especialmente a Gerard Martín tras la casi remontada -es un decir- del Levante en la jornada anterior, pero lo cierto es que el joven jugador ni es ni puede ser un central izquierdo y el Barça es un club pobre que además usa su poco dinero para fichar lo que conviene a los comisionistas habituales del club más que al equipo. Pagar 70 millones por Gordon, más 10 de variables, es un auténtico disparate se mire como se mire, por mucho que el tipo haya caído bien y la afición haya aprendido a corear su nombre por casi nada. Este Barça juega tan bonito que entusiasma a cualquiera pero es difícil pensar que pueda hacer lo mismo cuando tenga que enfrentarse a rivales de una cierta entidad. Pedri marcaba un ritmo vertiginoso en el ataque. Jugadas vistosas que ayudan a que el fútbol gane adeptos. Presión altísima, desbordante alegría, sin que el Racing, que es un equipo dominador y creativo, pudiera salir ya no de su campo, sino del último tercio. El primer gol del Barça estaba al caer, como la tormenta. El nuevo chubasquero amarillo de Laporta es un hito de la moda en España. Absurdo color, absurdas cremalleras azules. Todo tan absurdo que es imposible decir que no tuviera algo de sensacional. Cayó el primer gol como cayó la lluvia, Cancelo desde fuera del área reventó el larguero de un potente disparo, que en el rebote acabó entrando. El Barça fluía como una segunda piel del terreno de juego. Extraño asunto el de los balones, que tuvieron que cambiarse varias veces porque estaban deshinchados. Olmo falló dos ocasiones claras ante el portero y Lamine puso cara de disgusto por ver desaprovechadas dos de sus magníficas asistencias. El Racing parecía un muñeco y un penalti clarísimo sobre Raphinha, por el que Pedro Felipe debió ser expulsado, lo transformó el brasileño en el segundo de la noche. El marcador podía ser de escándalo pero las cosas que pueden ser a veces no son, y lo que acabó pasando es que el Racing recortó distancias, Maguette mediante. Espléndida jugada, es cierto, pero contó la generosa colaboración de Cancelo en su defensa sin lactosa. A la jugada siguiente el Racing pudo empatar, lo que habría sido realmente curioso por cómo había ido la primera media hora. Pero una vez más, lo que pudo ser no fue y lo que pasó es que Cancelo enmendó su pasividad defensiva y otra vez desde su casa marcó el tercero. El cuarto fue obra de Raphinha y fruto de la décima recuperación de Rodri en el centro del campo. El marcador se empezaba a parecer al fútbol pero aún no del todo, entre otras cosas porque Lamine falló un penalti -lo paró Agirrezabala, sobresaliente a pesar de la goleada- clarísimo sobre Adeyemi. Quedó como triste Lamine por el fallo. La pregunta es por qué hay que crear situaciones incómodas si el Barça tiene a un tirador de penaltis clarísimo, que es Raphinha. Tec sustituyó a Joan García, que se hizo daño al final de la primera parte. El Racing pudo marcar el segundo y a Lamine se le negaba el gol y chutó al palo. Frustración. Caritas. En sus ojos tristes parecía haber lágrimas pero era la lluvia. Entraron Marc Bernal y Gavi por Pedri y Rodri. Tec le regaló el segundo al Racing -estupidísimo fallo- pero Raphinha no regaló a nadie el tercer penalti que le pitaron a favor a su equipo y marcó enseguida el quinto y fue sin solución de continuidad sustituido por Gabriel Jesús. No pasa nada -de momento- pero no es normal que cueste tan poco marcarle un gol al Barça. La noche no estaba siendo propicia a Lamine, que cuando al fin marcó le anularon el gol por fuera de juego. Balde entró por Cancelo y Gabriel Jesús para marcar el sexto de un muy buen disparo, aprovechando una delicada diagonal de Lamine que rompió las líneas del Racing. Justo antes del descuento, Lamine tuvo al fin su merecido premio y marcó el séptimo tras una fabulosa jugada de Adeyemi.