Hoy la ciudad se partía en dos Madriles, aunque seguramente la ciudad ni se enteró. Estaban los que veían la Fórmula 1 y los de siempre, los del Rastro, La Latina, Plaza Mayor, Vallecas, los que habían quedado a tomar el aperitivo y terminaron comiendo, los que salieron a por el pan en pantalón corto porque septiembre todavía anda haciéndose el agosto y los que llevaban desde las doce buscando una mesa a la sombra. La cosa estaba normal, como cualquier domingo de final de verano, salvo porque tres cazas surcaron el cielo a eso de las tres de la tarde y durante unos segundos la gente levantó la cabeza sin saber si estaban ensayando para el 12 de octubre...
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