El aplauso también educa
Hace unos días, tuve la oportunidad de ser parte de un acto de la Universidad Nacional de Costa Rica (UNA) dedicado a sus estudiantes distinguidos. Se trata de un espacio para reconocer el alto rendimiento académico, pero también a quienes destacan en otros ámbitos, como el deporte y las actividades que contribuyen a la vida universitaria y a la sociedad.
Mientras observaba el acto, pensaba que hay algo profundamente valioso detrás de este tipo de reconocimientos: una sociedad también educa y enseña a través de aquello que decide visibilizar.
Cuando una universidad hace público el esfuerzo de quienes estudian, se superan, desarrollan sus capacidades y aportan a su comunidad, no está celebrando únicamente un resultado individual; está enviando un mensaje colectivo sobre aquello que considera valioso.
Y esto adquiere todavía mayor significado cuando una universidad pública abre oportunidades educativas a personas provenientes de realidades socioeconómicas muy diversas y brinda apoyo para que estudiantes con recursos limitados puedan desarrollar su potencial y llegar también a ocupar esos espacios de reconocimiento. Es así como la excelencia adquiere una dimensión profundamente social.
No se trata solamente de una calificación. Detrás de tales logros hay esfuerzo, disciplina, superación, compromiso, capacidad para aprender y la posibilidad de transformar ese conocimiento en aporte a otros.
La investigación también ha mostrado que el reconocimiento puede tener efectos que van más allá de lo simbólico. Kosfeld y Neckermann (2011), en un estudio publicado en American Economic Journal: Microeconomics, encontraron que el reconocimiento público y simbólico puede constituirse en un incentivo capaz de generar mejoras en el desempeño.
Por eso, considero importante que estos actos existan, pero también que los hagamos visibles más allá de las paredes de una universidad.
Al hacerlo, posiblemente permitiremos que alguien más pueda mirarlos y pensar: “Yo también puedo llegar hasta allí”.
El país y el mundo, en este preciso momento, necesitan referentes positivos.
Necesitamos que niños, jóvenes y adultos vean que estudiar y aprender valen la pena; que esforzarse, practicar un deporte con disciplina, aportar a la comunidad y aspirar a desarrollar nuestras capacidades son aspiraciones y comportamientos que una sociedad reconoce y celebra. No que ridiculiza ni desecha.
Liliana Mejía Botero es consultora en programas y modelos de negocios para emprendimientos y pequeñas empresas.