Una cámara enfoca a otra cámara. Al tiempo que parte del equipo está grabando una campaña para una marca, la otra parte filma el proceso desde dentro. Las reuniones previas, las horas de edición, las dudas de última hora y las conversaciones entre los miembros del proyecto... se registran en vídeo para luego convertirse en un punto fundamental para la negociación. Surfly Studio , una jerezana agencia creativa y productora audiovisual, ha dado con la estrategia perfecta para conseguir el 'sí' definitivo de los clientes. Enseñar el trabajo se ha convertido casi en una filosofía empresarial. Pepe Macías (24 años) y Luis Perignat (23 años), fundadores de la compañía, se dedican junto a un equipo de nueve personas a crear contenido estratégico, branding y producciones de vídeo para otras empresas. Con sede en Jerez de la Frontera (Cádiz), Surfly Studio no tuvo su destino tan claro desde el principio. A estos jóvenes inquietos y alejados del entretenimiento de su edad, ya les había picado la curiosidad de la innovación y la creación antes de dar forma a lo que hoy reúne más de 150 clientes. El emprendimiento tocó su puerta muy temprano. Con apenas veinte años, decidieron apartarse del camino habitual y poner en marcha una marca de carteras fabricadas en Ubrique con cuero vegetal y materiales sostenibles. «Queríamos hacer algo diferente, algo que durara toda la vida», cuentan. La idea surgió después de que ambos se marcharan al extranjero –uno a Irlanda y otro a Francia– con el objetivo de darse un año para descubrir qué querían hacer realmente. «Luis y yo sabíamos que no iba a ser solo un año, pero a nuestros padres les vendimos eso», bromean. El proyecto, sin embargo, les llevó por un camino inesperado. Mientras aprendían a fabricar y comercializar el producto, comenzaron también a experimentar con la creación de contenido para promocionar su marca. Entonces, los clientes llegaron en calidad de admiradores, interesados por saber quienes estaban detrás de la edición y propuesta de contenido. Donde muchos podrían haber visto una ocasión perdida, Luis y Pepe vieron una oportunidad. La creación de contenido empezó a tomar más tiempo que la fabricación de carteras, así que Surfly dio un giro de 180º grados para dedicar sus horas a la producción audiovisual. En este sentido, «queríamos documentar el proceso y ser transparente», explican los jóvenes fundadores. Grababan los problemas cotidianos, los retos y las pequeñas victorias del negocio. «Empezamos a entender la importancia del producto audiovisual», dicen. Poco después, otras empresas empezaron a pedirles ayuda para sus propias redes sociales y en apenas unos meses descubrieron que el contenido tenía más recorrido que el negocio original. Se olvidaron de las carteras y la empresa tomó forma de agencia creativa y productora audiovisual. El caso de Surfly Studio demuestra que hay un cambio en la propuesta empresarial. Durante décadas, las compañías se limitaron a mostrar el producto terminado; ahora, muchas otras han dado con la fórmula que vuelve locos a sus clientes: conocer el proceso. No se trata únicamente de publicidad. Las redes sociales han convertido la transparencia en una herramienta de diferenciación. Para Perignat «es importante enseñar la cantidad de horas que se le da a un cliente», ya que hasta el momento se ha vuelto el mejor aliado del negocio. El llamado storyselling se ha convertido en el arma infalible de la compañía. Frente a las campañas tradicionales, muchos emprendedores han adoptado códigos propios de los creadores de contenido: documentan reuniones, comparten errores y convierten el día a día en una parte esencial de la marca. Surfly ha llevado esa filosofía hasta el extremo. Sus fundadores aseguran que incluso vídeos con apenas unos cientos de visualizaciones han terminado convirtiéndose en nuevos contratos. «Hemos recibido mensajes de clientes dándonos el sí a proyectos gracias a los vídeos que publicamos», recuerdan. El crecimiento de la empresa ha sido tan rápido como inesperado. Lo que comenzó siendo un proyecto entre dos amigos se ha convertido en un equipo de nueve personas, una evolución que les ha obligado a aprender sobre liderazgo, organización y gestión empresarial casi sobre la marcha. A la incertidumbre propia de cualquier negocio se suma otro desafío añadido: la edad. «A veces ser joven nos pasa factura», admiten. Convencer a empresarios con décadas de experiencia de que confíen en una agencia liderada por veinteañeros no siempre resulta sencillo. «La percepción no es la misma que si tuvieras diez años más». Pese a ello, aseguran que la transparencia ha jugado a su favor. Mostrar el trabajo diario y compartir públicamente el proceso creativo les ha permitido construir una credibilidad que, en otros contextos, "habría tardado años en llegar". Los números acompañan esa evolución: el segundo año triplicaron su facturación y ahora pretenden duplicarla. El futuro del sector pasa por la inteligencia artificial y a la vez eso se vuelve un reto. Sin embargo, Surfly Studio ya utiliza estas herramientas para facilitar procesos, desarrollar estrategias o elaborar guiones. «Es el colaborador más rentable que tenemos», asegura Macías. La tecnología, en este sentido, «es muy potente» y les permite acelerar parte del trabajo. Aunque creen que la automatización tiene límites. «Ninguna inteligencia artificial puede sustituir a Surfly porque el factor humano sigue siendo nuestro principal motor», defienden. Y es ese factor humano el que finalmente conduce la empresa. En un momento en el que las empresas compiten por captar la atención de consumidores cada vez más concentrados en las pantallas, Luis Perginat y Pepe Macías están convencidos de que la diferencia ya no reside únicamente en el producto final. En ocasiones, la clave está en enseñar cómo se construye . El «detrás de las cámaras» ha dejado de ser un simple complemento para convertirse en el escaparate del éxito.