Ha sido la gran polémica del largo adiós al Rey Harald: la presencia de su nieto Marius Borg , condenado a cuatro años de prisión, con tobillera electrónica como uno más de la Familia Real. Participó en el cortejo fúnebre del difunto monarca tras serle concedido un permiso especial para asistir a pesar de encontrarse bajo arresto domiciliario en la residencia real de Skaugum. En realidad, y más allá de los muchos comentarios suscitados, es lo que deseaba su abuelo. No hay duda de que Marius Borg , de 29 años, ha sido todo un quebradero para la monarquía noruega durante estos últimos años, en los que ha ido de escándalo en escándalo según se avanzaba en las investigaciones sobre su comportamiento en los últimos años. Así hasta llegar a febrero, cuando se celebró el juicio por el que finalmente fue declarado culpable de dos cargos de violación, entre otros delitos. A pesar de encontrarse bajo arresto domiciliario en la finca de Skaugum, el hijo de Mette-Marit de una relación anterior, que no está en la línea de sucesión ni tiene parentesco consanguíneo con el difunto rey, se unió a siete miembros de la Familia Real noruega que acompañaron el féretro del Rey Harald en su traslado desde el Salón Rojo de palacio hasta la capilla anexa, donde permanecerá hasta el funeral que se celebrará el 9 de septiembre. El máximo honor posible en la despedida de un monarca. A Marius Borg también se le había permitido visitar al difunto Rey Harald en el hospital antes de su fallecimiento, el viernes 28 de agosto, y también se le concedió permiso para asistir al funeral de Estado oficial el miércoles 9 de septiembre. Es decir, participó como uno más en todos los actos de despedida a quien era el monarca más longevo en cualquier Corona europea. Durante todo este tiempo, la Familia Real noruega ha cerrado filas en torno a la figura del reo -antes y después de su condena- y nadie en la familia ha afeado su comportamiento en público. La ya Reina Mette-Marit jamás se ha pronunciado públicamente sobre los presuntos delitos de su hijo y si acaso Haakon ha sio quien ha ido un poquito más allá. El nuevo rey declaraba antes del juicio: «Nuestros pensamientos están con todos los afectados por este caso. Tiene un impacto en las personas involucradas, sus familias y todos aquellos que se preocupan por ellas. Entendemos que este es un momento difícil para muchos de ustedes y les expresamos nuestra solidaridad». Pero también añadía: «Nos preocupamos por él y es un miembro importante de nuestra familia». Hay quienes consideran inaceptable que un condenado por violación y bajo arresto domiciliario tenga un papel tan visible en un acto de Estado. Sin embargo, otra parte de la opinión pública cree que el primogénito de Mette-Marit tiene derecho a despedirse de su abuelo. Especialmente porque los dos tenían una gran relación y se querían. El difunto rey noruego jamás tuco en público una palabra de reproche o censura hacia su nieto. Siempre le trató como si fuera de su propia sangre y sin distinciones entre sus nietos biológicos y él. Marius Borg llegó al Palacio Real cuando apenas tres o cuatro años de edad. Eran los onocios de su relación con Haakon. Harald lo llamaba cariñosamente «el príncipe bonus». Y como tal fue apareciendo en diferentes fotografías del día a día de la familia: jugando con él en la playa, paseando por los jardines de palacio, asistiendo a desfiles... Y todo transcurrió siempre bajo el manto protector de Harald. Luego llegaron los disgustos, pero nada cambiaría en la relación afectiva entre abuelo y nieto. Así hasta el final.