Era el día grande de la tierra de afán, «granero de España, vega y valle, llanura y montaña». Trepó el himno hasta ese cielo completamente despejado con la voz coral de esos tendidos que habían llenado la plaza, con ¡vivas! a España, a Palencia y a Ceuta. ¡Qué ambientazo! Pero el día había salido largo de platos y sobremesa, de cañas y copas. Y Lorenzo apretaba. Tuvieron que atender las asistencias varios golpes de calor y la Policía se llevó a más de uno del graderío. Anécdotas aparte, el ambiente era extraordinario, con el gentío deseoso de ver una tarde de toros tan triunfal como la del día anterior. No pudo alcanzarse tal balance: once orejas del lunes frente a...
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