Deshereda a su hijo para evitar que su nuera se beneficie de la herencia, pero acaba recibiendo el 25% en los tribunales
El reparto de las herencias entre los hijos del fallecido suele ser objeto de disputas entre los sucesores, especialmente cuando uno de ellos ha sido desheredado. Sin embargo, aunque se haya tomado esta drástica decisión, el heredero puede reclamar la herencia, como ocurrió con David, un hombre de 74 años que no figuraba en el testamento de su madre, pues esta quería evitar que su nuera se beneficiara de su patrimonio. La sorpresa llegó cuando, después de su fallecimiento, el juez le otorgó el 25%.
Este fue el caso de Sybil Rachael Isaacs, una madre de tres hijos: David, Susan y Ruth, que falleció en 2013. En vida, decidió excluir a su hijo varón, David, del testamento, pues no quería que la mujer con la que estaba casado en aquel entonces pudiera beneficiarse de la herencia. Posteriormente, el hombre decidió divorciarse y se mudó a casa de su hermana Ruth para poder cuidar de su madre durante sus últimos años de vida.
A pesar de esta decisión, Sybil nunca modificó su testamento para incluir a su hijo David entre los herederos. Un hecho que sorprendió al hombre, pues, como aseguró en el juicio, mantenían una relación cercana y "amistosa", como asegura el grupo de asesores legales, Nelsons. Asimismo, continuó viviendo con su hermana debido a graves problemas de salud que limitaban su movilidad y le impedían contar con los recursos económicos suficientes.
El administrador de la herencia quiso desahuciar a los hermanos
El patrimonio que dejó la señora Isaacs constaba de una casa, la vivienda familiar, cuyo valor rondaba las 600.000 libras (es decir, aproximadamente 702.000 euros), así como otros bienes por un valor de 27.000 libras (poco más de 31.400 euros). En total, debía repartirse entre sus herederos una cuantía por valor de casi 627.000 libras, es decir, 733.000 euros.
Dicha casa continuó siendo la residencia de Ruth y David tras el fallecimiento de su madre, mientras Susan, su otra hermana, se encontraba en un centro de cuidados público debido a una discapacidad y su complejo estado de salud. Fue entonces cuando el administrador de la herencia de la fallecida decidió iniciar un proceso de desahucio contra los herederos.
Para evitar quedar en situación de pobreza, el hombre decidió ampararse en la Ley de Sucesiones de 1975 de Reino Unido, pues cumplía con las condiciones para poder reclamar parte de la herencia, a pesar de haber sido excluido del testamento. En un inicio, David solicitó 265.000 libras como indemnización, una cifra que acabó reducida a un tercio de la herencia.
El juez otorgó el 25% a David y el 37,5% a sus hermanas
Durante el juicio, su hermana Ruth secundó su reclamación, mientras que Susan se opuso a ello, siguiendo lo establecido en la última voluntad de su madre. Por su parte, David argumentó que este no le proporcionaba una manutención económica razonable teniendo en cuenta su estado de salud y dependencia de los bienes familiares.
El caso ascendió a un tribunal, el cual decidió que David tenía derecho a recibir el 25% de la herencia, mientras que sus hermanas recibieron el 37,5%. El objetivo de este reparto fue que pudiera hacer frente a sus gastos económicos, incluyendo la compra de la vivienda familiar. El plazo para llevar a cabo esta transacción por parte de los dos hermanos fue de seis meses; de lo contrario, podrían ser desalojados del hogar.
Asimismo, como tanto Ruth como su hermano habían estado viviendo en la residencia familiar durante seis meses, estos se vieron obligados a pagar una cuantía de 1125 libras (aproximadamente, 1310 euros) a modo de indemnización por daños y perjuicios. Una sentencia que permitió a David recibir parte de la herencia a pesar de haber sido desheredado por su madre cuando estaba casado, una decisión que, según el tribunal, estuvo motivada por el temor a que su nuera pudiera reclamar parte de su patrimonio.