Los "gastos hormiga" inflan la cuenta del verano: las familias gastan hasta 450 euros más y dificultan la vuelta al cole
La llegada del verano y las vacaciones suponen ya un gasto elevado para los hogares, pero hay algo que dispara mucho más la factura al final del periodo estival: los "gastos hormiga". Estos pueden elevar hasta en un 30 % el presupuesto inicialmente previsto para esta época del año.
"Sobre un presupuesto de 1.500 euros, hablamos de entre 300 y 450 euros extra que nadie recuerda haber gastado. El presupuesto de vacaciones se rompe por los quince euros diarios que no apuntas", apunta Ernesto Campos Campillo, economista y profesor del Máster Oficial en Dirección y Gestión Financiera de la Universidad Internacional de Valencia (VIU).
De esta manera las familias ponen un gran impedimento al desembolso que tendrán que hacer con la llegada de la vuelta al cole, que la OCU ya cifra en 520 euros, que se puede elevar hasta los 2.390 si se observa el curso completo.
Campos aclara que este es un gasto previsible. "Culpar a los libros de texto es una cortina de humo cómoda, son el chivo expiatorio perfecto al igual que el turrón lo es en enero. El problema no fue el cuaderno de matemáticas, fueron las treinta pequeñas decisiones de agosto", asevera.
Los pequeños gastos que van añadiendo se conforman por pequeños caprichos que uno se da durante las vacaciones, pero que no tiene en cuenta a la hora de planificar su gasto en el destino que va a visitar. Es el caso de los helados, un parking o incluso el alquiler de una sombrilla.
Según datos del Observatorio Cetelem, los españoles que viajan este verano prevén gastar 1.481 euros de media, un presupuesto que suele contemplar grandes partidas como el alojamiento o el transporte, pero que a menudo pasa por alto la principal vía de fuga: la acumulación de pequeños gastos diarios e invisibles.
Este fenómeno está consiguiendo trasladar la conocida como cuesta de enero al mes de septiembre. Campos describe este reciente fenómenos como "IVA emocional del verano": un recargo invisible del 20 o 30 % que no aparece en ningún ticket y que funciona como la fuga de agua de una tubería empotrada.
Según explica el experto, el mismo consumidor que compara el precio de los yogures en febrero, paga sin mirar la carta en agosto. "En vacaciones no falla la calculadora, falla el cajón mental; el homo economicus murió en la orilla de la playa, hoy hay que diseñar asesorías para el humano real, el que decide con chanclas y sin cobertura", detalla.
Para evitar llegar a este punto, Campos propone aplicar la regla de las "tres huchas estivales" diseñada desde junio. La primera para gastos comprometidos (viaje, hotel); la segunda con una cantidad fija diaria innegociable para el disfrute (50, 60 u 80 euros al día) que permite libertad absoluta sin apuntar nada; y una tercera intocable con un 10 % del total para imprevistos. "La disciplina se ejerce una sola vez en junio; la libertad se disfruta en agosto", recomienda.