Científicos vierten 62.000 litros de sosa cáustica en el golfo de Maine en un experimento para que el océano pueda captar más dióxido de carbono
Un equipo de científicos ha llevado a cabo un vertido controlado de cerca de 62.000 litros de una solución de hidróxido de sodio en el golfo de Maine, frente a las costas del estado estadounidense de Massachusetts, con el fin de comprobar si el incremento de la alcalinidad del agua favorece que el océano retire una mayor cantidad de dióxido de carbono de la atmósfera. Según los resultados preliminares del proyecto LOC-NESS, presentados en el Ocean Sciences Meeting celebrado en Glasgow, difundidos por el medio Sözcü, el tratamiento incrementó la capacidad de la zona intervenida para absorber CO2.
La prueba se desarrolló en la cuenca de Wilkinson, situada aproximadamente a 61 kilómetros de Cape Cod. Según la información difundida por los investigadores de LOC-NESS, la solución utilizada contenía alrededor de un 50% de hidróxido de sodio, un compuesto de fuerte carácter alcalino, conocido también como sosa cáustica, y se liberó de forma continuada durante seis horas. Debido a las propiedades de esta sustancia, el experimento contó con autorización de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA).
Elevar la alcalinidad marina
La finalidad del ensayo no era depurar el agua, sino poner a prueba una posible técnica de captura de carbono basada en aumentar de forma controlada la alcalinidad del mar. Los océanos absorben ya una parte considerable del dióxido de carbono producido por la actividad humana, aunque ese fenómeno acentúa al mismo tiempo la acidificación del agua. Los responsables del experimento estudian si la incorporación de sustancias alcalinas puede alterar temporalmente ese equilibrio químico y facilitar así una captación adicional de CO2 atmosférico.
Para rastrear el movimiento de la masa de agua tratada, el equipo incorporó rodamina, un colorante muy visible empleado como trazador. Según los propios investigadores del proyecto, esta técnica permitió seguir durante varios días la dispersión del agua mediante embarcaciones, satélites, vehículos submarinos y otros sistemas de medición. Los registros mostraron que el pH se elevó al principio en la zona intervenida y fue descendiendo posteriormente hasta acercarse a sus niveles iniciales a medida que la masa de agua se diluía.
Resultados biológicos aún preliminares
El equipo comparó también muestras tomadas dentro y fuera del área tratada con el objetivo de detectar posibles alteraciones en bacterias, fitoplancton, zooplancton y larvas de peces y langostas. Según lo comunicado por los científicos de LOC-NESS en Glasgow, las primeras observaciones no revelaron cambios negativos evidentes ni en la abundancia de estos organismos ni en los indicadores de salud examinados. Se trata, en cualquier caso, de resultados preliminares que no permiten afirmar que la técnica sea totalmente segura para el conjunto del ecosistema.
El análisis no abarcó de manera directa a especies de mayor tamaño, como peces adultos o mamíferos marinos, ni permite establecer cómo reaccionaría el medio ante vertidos repetidos o ante intervenciones sobre superficies mucho más amplias. Los propios responsables del proyecto advierten de que esos escenarios podrían generar efectos distintos y que serán necesarios estudios adicionales antes de contemplar un uso generalizado del procedimiento.
El proyecto tampoco despeja las dudas sobre la viabilidad de aplicar esta técnica a gran escala con fines climáticos. Según indican sus responsables, conseguir un efecto realmente significativo requeriría emplear cantidades de material alcalino muy superiores a las utilizadas en este ensayo. La fabricación, el transporte y el vertido de esas cantidades conllevarían costes y posibles consecuencias ambientales que todavía deben evaluarse. Por este motivo, el experimento realizado en la cuenca de Wilkinson debe interpretarse como una prueba de campo controlada, y no como una solución ya disponible para hacer frente a la crisis climática.