Herencias, legado y solidaridad: cuando ayudar va más allá de la vida
Para muchas personas, la solidaridad no tiene por qué terminar con la vida. Hay quienes deciden que, cuando llegue el momento de despedirse de la Tierra, una parte de lo que han construido durante tantos años sirva para seguir ayudando a los demás. Porque también existe una forma de permanecer y dejar huella.
El interés por los testamentos solidarios se ha disparado en España en los últimos cinco años: 8.766 personas solicitaron información en 2025, frente a las 1.282 que lo hicieron en 2021. Reservar una parte del patrimonio para una ONG es una opción que gana terreno entre personas de distintas edades y que no es una práctica exclusiva de quienes poseen grandes fortunas.
HazTestamentoSolidario.org es una iniciativa que nació en 2006 para dar a conocer en España la posibilidad de incluir a una entidad sin ánimo de lucro en la herencia. Actualmente reúne a 28 organizaciones y tiene como objetivo principal informar a la ciudadanía sobre esta forma de colaboración.
Según el último informe anual «Testamentos con Impacto» realizado por la plataforma, el creciente interés por esta fórmula también se traduce en un impacto económico. Las organizaciones que la integran recibieron en 2025 un total de 49 millones de euros procedentes de testamentos solidarios. Estos fondos permitirán impulsar proyectos relacionados con la salud, la investigación científica, la infancia, la ayuda humanitaria, los derechos humanos, las personas refugiadas, el medio ambiente y la protección animal.
El informe también dibuja el perfil de quienes deciden incorporar esta voluntad a su herencia. El 66% de las personas que realizaron estos testamentos en 2025 fueron mujeres, en su mayoría solteras y viudas. La franja de edad más habitual se sitúa entre los 60 y los 69 años, seguida de la de 50 a 59. Por comunidades, Cataluña, Madrid, Comunidad Valenciana, Andalucía y País Vasco fueron las que registraron un mayor número.
Durante años, esta modalidad fue prácticamente desconocida para el gran público en España. Se asociaba a grandes fortunas o a personas sin descendencia, y pocas veces entraba en la conversación cotidiana alrededor de la herencia. Hoy, ese panorama ha cambiado. «Los datos confirman que ya no es solo una intención o una consulta puntual, sino una decisión real que cada vez más personas incorporan a su planificación vital, incluso aquellas que, teniendo descendientes o familiares cercanos, creen que su solidaridad también es un bien a heredar por los suyos y la sociedad», señala Leyre Ayastuy, portavoz de Haz Testamento Solidario.
Fernando García es testador a favor de la Fundación CRIS Contra el Cáncer, entidad de referencia en investigación oncológica y hematológica, que el año pasado registró un aumento del 49% en el número de personas interesadas en realizar un testamento solidario respecto a 2024. Tal y como señalan desde la fundación, «el aumento del interés por los legados coincide con un momento en el que el cáncer se ha consolidado como el principal problema sanitario de España». Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), el cáncer representa el 26,3% de todas las defunciones y es, por tercer año consecutivo, la primera causa de muerte en nuestro país.
Para CRIS Contra el Cáncer, estos datos ponen de manifiesto la necesidad de seguir aumentando la inversión en materia de investigación e innovación: «Si el cáncer sigue siendo la primera causa de muerte en España, la investigación debe seguir siendo una prioridad para toda la sociedad», afirma su presidenta, Lola Manterola, que añade: «Cada legado es una inversión en investigación. Gracias a estas decisiones podemos impulsar nuevos proyectos científicos, desarrollar tratamientos más eficaces y ofrecer más opciones a los pacientes».
Fernando se planteó la posibilidad de hacer testamento después de que su padre falleciera a los 92 años como consecuencia de un cáncer. En una entrevista para LA RAZÓN recuerda que «verle fallecer convirtió algo intelectualmente evidente, que todos vamos a morir, en una experiencia absolutamente concreta». Estando en el hospital fue consciente de que el momento de despedirse de la vida también llegaría para él, «y no quería dejar al azar lo que ocurriera después de eso».
Tras resolver los trámites relativos a la herencia de su padre empezó a pensar con calma a quién quería dejar su patrimonio y, sobre todo, «qué se podría hacer con él cuando ya no estuviera».
Fernando, licenciado en Física, conocía la posibilidad de donar bienes o dinero a una organización, pero no fue hasta que empezó a preparar su testamento cuando comprendió realmente el potencial de esta acción: «Un testamento solidario permite convertir algo que has construido durante toda una vida en una acción que va a continuar cuando tú ya no estás», señala. Cuando empezó a investigar descubrió con asombro que «hacerlo es muchísimo más sencillo de lo que imaginaba». Pensaba que habría bastante complejidad documental, jurídica… Y, en realidad, «con buen asesoramiento y una buena notaría, tu voluntad queda fácilmente expresada y se adapta justo a lo que quieres hacer», asegura.
Antes de tomar la decisión de hacer un testamento solidario, García ya colaboraba económicamente con distintas organizaciones, entre ellas CRIS Contra el Cáncer. «Durante la vida uno aporta periódicamente aquello que razonablemente puede permitirse, pero el legado que forma el testamento permite que, llegado el momento, una parte del patrimonio acumulado tenga un impacto mucho mayor. Para mí, esta acción no sustituye a la solidaridad que puedas hacer en vida, solo la prolonga más allá», explica para este periódico. «Quería que una parte de lo que yo había conseguido durante muchos años de trabajo pudiera seguir financiando conocimiento, investigación… Y, en último término, que supusiera nuevas oportunidades para personas que estarán aquí cuando yo ya no esté. No puedo llevarme mi patrimonio, pero sí puedo decidir que una parte de él siga trabajando por la ciencia y por la vida de otras personas», añade.
Como licenciado en Ciencias Físicas y vinculado al sector tecnológico, Fernando sabe «perfectamente» que la ciencia es «una construcción colectiva» y que, por eso, su legado «no va a curar ningún cáncer por sí solo», pero puede ayudar a que alguien, algún día, «pueda tener un diagnóstico mejor, o un tratamiento, o simplemente más tiempo». Por eso, siempre supo que era una decisión de la que «difícilmente me iba a arrepentir».
Para quienes se estén planteando hacer un testamento solidario, Fernando recomienda, ante todo, informarse y tomar la decisión con libertad, sin pensar primero en cuánto dinero dejar. «Yo empezaría preguntándome: cuando yo ya no esté, ¿hay alguna causa que quiera que siga contando conmigo?», explica. A su juicio, no hace falta tener una gran fortuna, sino «una causa que consideremos digna de sobrevivirnos». El porcentaje o la fórmula jurídica pueden adaptarse después a las circunstancias de cada uno. «En mi caso, una vez tomada esa decisión, todo lo demás fue extraordinariamente sencillo», asegura. Y, sobre todo, insiste en que dar ese paso le produjo «una enorme tranquilidad».