Cada verano, decenas de millones de personas abandonan sus rutinas, sus hipotecas y su cordura para lanzarse a playas, montañas y cruceros con la promesa de «desconectar». Pocos se detienen a pensar que desconectar, en el sentido más literal y desagradable del término, es exactamente lo que le ocurre a la mente humana cuando se cruza con ciertas entidades que la geografía turística prefiere no mencionar en sus folletos. Hemos pasado el verano recorriendo destinos populares con chanclas, factor 50 y un notable desprecio por nuestra propia seguridad narrativa para elaborar esta guía. Conviene aclarar que ninguna de las entidades aquí descritas figura en los folletos oficiales, y que las oficinas de turismo tienden a responder con una sonrisa demasiado...
Ver Más