Dormir bien no depende solo de cuántas horas pasamos en la cama, sino que también importa el entorno en el que descansamos . Una habitación tranquila, sin luz y con una temperatura adecuada puede ayudar a conciliar el sueño y a evitar interrupciones durante la noche. Un buen descanso es necesario para que el cuerpo y la mente se recuperen de la actividad diaria . Cuando se duerme en condiciones óptimas es más fácil levantarse con energía, mantener la atención durante el día y afrontar las tareas cotidianas con un mejor estado de ánimo. Esta situación se complica especialmente en los meses de verano, cuando las olas de calor disparan los termómetros durante la noche. Las altas temperaturas veraniegas dificultan nuestro descanso . Además de costar más trabajo conciliar el sueño en esta época, es habitual sufrir despertares continuos a lo largo de la madrugada que rompen el ciclo natural del descanso, haciendo que la persona se levante cansada y con la sensación de no haber recuperado energía. Comprender por qué el calor altera tanto nuestras noches es el primer paso para buscar soluciones prácticas. Javier Albares, especialista europeo en medicina del sueño, fue entrevistado por Uri Sabat en el podcast ' La fórmula del éxito ', donde explicó la importancia del descanso pero también cuáles son las mejores condiciones para ello. Albares destaca que « la temperatura es básica para dormir ». Según explica, el cuerpo necesita dos señales ambientales para entender que ha llegado el momento de descansar: la oscuridad y una bajada de temperatura . Estas condiciones ayudan al cerebro a prepararse para el sueño. Este experto en sueño recuerda que, cuando las personas vivían al aire libre o en cuevas, la temperatura descendía de forma natural al caer la noche. Sin embargo, ahora se vive en casas donde se mantiene una temperatura similar durante todo el día, con calefacción en invierno o aire acondicionado en verano. Esa falta de cambio puede dificultar que el organismo identifique el momento de dormir . El experto señala que el cerebro necesita enfriarse para poder descansar bien. Para lograrlo, el cuerpo tiene que expulsar calor desde el interior hacia la periferia y la piel se calienta. « Si la temperatura ambiente es muy alta, no podemos disipar calor y tendremos un peor sueño, un sueño más fraccionado», explica. Por ello, Albares considera importante que la temperatura ambiental del dormitorio esté «en torno a los 19 o 20 grados». Aun así, matiza que cada persona tiene sus propias necesidades y que algunas pueden dormir bien con 21 o 22 grados. «Hay gente que dirá: 'Yo con 19 grados me estoy muriendo de frío'», admite, pero insiste en que esa franja suele ser adecuada para que la mayoría de las personas pueda disipar calor y descansar mejor.