Desde por la mañana, un huracán no paraba de soplar en Madrid . Y si paraba, comenzaba el diluvio. Así se iba sucediendo el día, pareciendo imposible que se pudiera celebrar la corrida . Pero a las nueve, la Virgen de la Paloma dispuso que el cielo estuviera despejado y las banderas quietas, quedando una noche agradabilísima. Todo a favor de obra, especialmente para Antonio Puerta, que seguramente llevaba once años soñando con esta fecha. Y al fin salió Carpinetero, el toro de su confirmación . Y soñadas fueron sus embestidas. Quiso agradar desde el principio el murciano, dejando largo al de Araúz en el caballo. Bien fue el animal, tras lo que se lució en el quite su padrino,...
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