Nueva especie de coral aparece en aguas profundas de Costa Rica: es tan diferente que no encaja en ninguna familia conocida
En las profundidades del Pacífico de Costa Rica, entre extensas concentraciones de estrellas frágiles, un coral amarillo crece como un árbol sobre el fondo marino. Su apariencia no fue lo único que llamó la atención de los científicos: al estudiarlo, descubrieron que era tan diferente de otros octocorales conocidos que tuvieron que crear una nueva familia para clasificarlo.
La especie recibió el nombre de Laurinque elenya y pertenece a la nueva familia Laurinqueidae. El hallazgo fue descrito en la revista científica ZooKeys por un equipo liderado por Odalisca Breedy, científica costarricense e investigadora de la Universidad de Costa Rica (UCR), junto con especialistas de esa universidad y de instituciones de Estados Unidos y Canadá.
Los ejemplares fueron encontrados entre los 360 y 529 metros de profundidad, en montes submarinos cercanos a la Isla del Coco y en el margen Pacífico de Costa Rica. Las muestras proceden de expediciones realizadas en 2019 y 2023 a bordo de los buques Falkor y Falkor (too), del Schmidt Ocean Institute.
Para llegar hasta esos ambientes, los científicos utilizaron SuBastian, un vehículo operado de forma remota desde el barco. Este permitió observar, fotografiar y recolectar los corales sin que una persona tuviera que descender a esas profundidades.
Allí encontraron colonias de color amarillo brillante que pueden superar un metro de altura. Crecían sobre afloramientos rocosos ocupados por grandes cantidades de ofiuras, animales emparentados con las estrellas de mar y conocidos también como estrellas frágiles.
Esa escena submarina terminó plasmada en el nombre científico. Laurinque deriva de “Laurinquë”, que significa “árbol dorado” en quenya, una de las lenguas élficas creadas por John Ronald Reuel Tolkien, autor de las obras de fantasía épica El hobbit y El Señor de los Anillos. Elenya significa “estelar” o “de las estrellas”, en referencia a las concentraciones de ofiuras que rodeaban los corales.
Un coral difícil de ubicar
Determinar a qué grupo pertenecía resultó más complejo de lo esperado. Primero, los investigadores estudiaron su forma y estructuras microscópicas. Entre otros rasgos, analizaron los pólipos —los pequeños animales que conforman una colonia de coral— y los escleritos, diminutas estructuras que forman parte de sus tejidos y cuyas características ayudan a distinguir unos grupos de octocorales de otros.
También analizaron tres marcadores genéticos utilizados habitualmente para establecer relaciones entre octocorales. El problema fue que cada uno condujo hacia una familia diferente. En otras palabras, las herramientas genéticas convencionales no permitían establecer con claridad dónde colocar al coral dentro de su árbol evolutivo.
El equipo recurrió entonces a la filogenómica, un método que permite comparar cientos de regiones genéticas en vez de depender de unos pocos genes. Este análisis colocó al coral en un linaje propio, estrechamente relacionado con la familia Eunicellidae.
Sin embargo, sus características anatómicas también eran marcadamente distintas de las de esa familia. La combinación de las diferencias genéticas y morfológicas llevó a los científicos a establecer no solo una nueva especie y un nuevo género, sino también una nueva familia: Laurinqueidae.
El trabajo advierte además sobre las limitaciones de utilizar un único marcador genético para reconstruir relaciones evolutivas profundas entre octocorales. En este caso, uno de esos genes habría colocado a Laurinque en una familia cuyos integrantes presentan pocas características anatómicas en común con el nuevo coral.
El estudio involucró al Centro de Investigación en Ciencias del Mar y Limnología (Cimar), el Museo de Zoología del Centro de Investigación en Biodiversidad y Ecología Tropical (Cibet) y el Centro de Investigación en Estructuras Microscópicas (Ciemic) de la UCR. Los ejemplares de referencia quedaron depositados en el Museo de Zoología de esta universidad.
El hallazgo ocurre en ambientes que cumplen una función particular en las profundidades. Los octocorales pueden formar densos jardines de coral, estructuras tridimensionales que proporcionan hábitat a numerosos organismos. Estos jardines han sido identificados como ecosistemas marinos vulnerables.
El océano profundo comienza por debajo de los 200 metros y cubre cerca del 66% de la superficie del planeta. Su acceso difícil y el costo de las expediciones han limitado su estudio. Las exploraciones recientes en los montes submarinos del Pacífico costarricense han encontrado varios octocorales que todavía no habían sido documentados por la ciencia.