Cuatro pueblos, algo más de 20.000 habitantes y una mochila llena de miedos a la espalda. El confinamiento de Villa del Prado, San Martín de Valdeiglesias, Pelayos de la Presa y Santa María de la Alameda, finiquitado en dos tandas a lo largo de la tarde de ayer, ha dejado un doble runrún en el ambiente. Al miedo perenne a que las llamas arrasaran el pueblo se ha unido la incertidumbre de poder recibir un Es-Alert en cualquier momento: «Hemos vivido con la maleta en la puerta». Hablan los 'encarcelados' por el fuego, los que tras una semana demasiado larga por fin han podido reencontrarse con los suyos. Fue la primera localidad madrileña sometida al incierto rumbo de las llamas,...
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